La balada del abuelo Palancas. Félix Grande

Introducción
Hacía mucho tiempo que no leía un libro como este. Tal vez no sea una obra tan maestra como lo es el Quijote, pero, sin duda, es una de las novelas con las que más he disfrutado en los últimos cinco años.
Félix Grande es, sobre todo, poeta. Y en esta novela eso se pone de manifiesto no sólo por la riqueza de las imágenes y de los recursos literarios utilizados; sino también, por la sensibilidad con que está escrita. Una sensibilidad que a lo largo de la obra me ha ido haciendo pasar de la sonrisa a la casi lágrima, y del escalofrío a la casi carcajada.
Argumento
Ambientada en los años que rodean a la guerra civil española por sus cuatro costados (los años anteriores, los años durante, los años posteriores y los años más posteriores aún, hasta llegar a la actualidad), la novela nos relata la biografía de tres generaciones de Palancas: abuelo, hijo y nieto (este último, autor de la obra). La narración nos ubica en la población de Tomelloso, Ciudad Real. En aquel tiempo debía de ser uno de aquellos pueblos españoles en que, si no hambre, humildad y pobreza rebosaban sin pudor alguno. La llaneza de la gente de pueblo, su sabiduría ancestral, su fortaleza física y moral y su sentido del honor y de lo cabal, va hilvanándose en una trama novelesca, tan sencilla como impactante, que te lleva en volandas hasta la última página.
Valoración de Guillermo
Una novela que merece ser leída, comentada y recordada. Un libro escrito para disfrutar de la literatura y para aprender, al mismo tiempo, que los misterios de vida no son tan difíciles de desentrañar como a veces nos lo parece.
Una obra que, según el autor, la escribió, sin saberlo, para aprender a afrontar la llegada de la muerte en compañía de su abuelo.
También a mí me ha hecho pensar. Me ha enseñado, me ha hecho crecer. No sé quien dijo que un libro tenía que lograr que, al acabar de leerlo, el lector no fuera la misma persona que lo había empezado. Yo tengo un poco esa impresión ahora. Lo recomiendo con el corazón en la mano.
Citas
«Perico, que me tienes que hacer un verso pa que mi novia sepa lo que me pasa, que es que le palpo las tetas o le sobo las nalgas y noto que con las dos manos no tengo ni pa principiar, y que se me doblan las rodillas, y al mismo tiempo me supongo volando por donde andan los pájaros... y le pones que me da un vahído por adentro de la garganta, en semejante parte, que es que no puedo ni tragar y se me encabrita el aliento... Tú ponle eso, y a ver si la poesía te sale aparente, pagando lo que sea...»
«Renunció a ser jornalero en el año 1910, a los tres meses del nacimiento de su hijo primogénito y con una infalible intuición de cómo debe relacionarse un padre con su hijo para enseñarle desde la misma cuna el arte de no ser desgraciado.»
«Hablaba poco, pero con tanto fundamento, que parecía como si reprodujese sentencias aprendidas en libros venerables, aunque toda su ética la había ido asimilando en la contemplación de la conducta de sus antepasados, en la tertulia con los vecinos más tranquilos del barrio y en el abecedario de su propia moral, en cuya primera página quedaba establecido que un hombre nunca debe acostarse con la vergüenza.»
«Era uno de los hombres más a la buena fin del pueblo y hacía buenas migas con todo el mundo, menos con los maledicientes, a los que cuando destilaban veneno les enseñaba la garrota, les decía "¡Ya has callao!", y cuando los veía encogidos de miedo bajaba piadosamente el diapasón y razonaba con mucho fundamento: "Tú crees que te parió tu madre pa que seas un bocazas? ¿Tú crees que un hombre pue tener por oficio levantar falsos testimonios? ¿Es que no te enseñaron, cacho cabrón, a ser temeroso de Dios?".»
«No dejes que tus decisiones se echen a correr como si fueran animalicos asustaos, sino vive con ellas: que se den cuenta que te tienen al lao, que no las desamparas. A las decisiones, como a las cabras: las alimentas y las conduces a diario, y cuando se pongan a rumiar, les rascas la testuz... Resumiendo: la conciencia, en su sitio principal; y las decisiones, pastueñas...»
«... porque es una injusticia exigirle a un nacido de madre lo que no puede dar, porque nadie tiene derecho a romperle a nadie el espinazo del orgullo, porque nadie sabe lo que pasa en la casa de nadie, porque cada cual tiene su alma en su armario, porque todo lo que no sea conciencia es gregarismo o fanatismo, y porque ya tiene harta desgracia un pueblo que necesita líderes.»
«El abuelo, primero se rió; después, le dio a su hijo un caramelo de malvavisco, a fin de que entendiese que, para alcanzar a ser un hombre, todavía le faltaba un hervor; luego, le recriminó, sin encono, el uso de las malas palabras, que refuerzan una emoción, pero que afean un argumento; y finalmente le explicó: "No hay cuidao. Cuando se atufa una bodega, na da cuidao ninguno: eso se arregla con el fuego, porque es que el fuego lo purifica todo...".»

conchi dijo
Mira Guillermo, me ha llegado tanto lo que has escrito que he optado por ir directamente a comprarme el libro, paso de pedirlo a la biblio pq luego lo tienes que devolver y hay cosas que es mejor que te acompañen.
Gràcias por estas palabras que me han sabido a poco. Espero que me guste tanto como a ti, ya te diré.
Un besito de tu cuñaaaaaaaaaaaa
23 Mayo 2009 | 04:42 PM